Lecciones tras caso Energy: ¿Qué hacer antes, durante y después de una crisis financiera empresarial?

La reciente situación financiera que enfrenta una cadena de gimnasios ha puesto nuevamente en discusión las consecuencias que puede generar una crisis financiera mal gestionada. Trabajadores preocupados por sus remuneraciones, clientes afectados por servicios suspendidos y una creciente incertidumbre sobre el futuro de la empresa son algunas de las imágenes que han ocupado titulares durante las últimas semanas.

Sin perjuicio de que en el lenguaje cotidiano suele hablarse de “quiebra”, es importante tener presente que dicho concepto ya no existe como tal en la legislación chilena. Actualmente, la ley N°20.720 regula procedimientos concursales de reorganización y liquidación, destinados a abordar situaciones de insolvencia empresarial.

Aunque cada caso tiene características particulares, existe una realidad transversal: pocas empresas llegan a una situación crítica de un día para otro. En la mayoría de los casos existen señales tempranas que, detectadas a tiempo, permiten implementar medidas correctivas y evitar consecuencias mayores.

Por ello, resulta fundamental comprender cómo prevenir ese escenario y qué decisiones deben tomar los empleadores antes, durante y después de una crisis financiera.

La liquidación no suele ser el problema: es el resultado

Muchas organizaciones interpretan las dificultades financieras como un problema exclusivamente económico. Sin embargo, detrás de una crisis suelen coexistir factores operacionales, administrativos, tributarios, laborales y estratégicos.

Entre las señales más frecuentes que aparecen previo a una insolvencia se encuentran:

  • Problemas recurrentes de flujo de caja.
  • Aumento sostenido de deudas con proveedores.
  • Retrasos en obligaciones tributarias o previsionales.
  • Falta de información financiera actualizada.
  • Procesos administrativos poco controlados.
  • Dependencia excesiva de pocos clientes.
  • Crecimiento sin una estructura de gestión adecuada.

Cuando estas señales no son atendidas oportunamente, la empresa comienza a perder capacidad de reacción y las decisiones suelen tomarse bajo presión.

Antes de una situación de insolvencia: la importancia de la asesoría preventiva

La mejor estrategia frente a una eventual insolvencia es actuar mucho antes de que los problemas se vuelvan inmanejables.

Una asesoría preventiva permite:

  1. Diagnosticar riesgos financieros: Conocer el verdadero estado financiero de la organización es fundamental para anticipar problemas de liquidez y diseñar planes de acción.
  2. Fortalecer la gestión tributaria y contable: La información financiera confiable permite tomar decisiones oportunas y evitar contingencias que puedan agravar una situación compleja.
  3. Optimizar costos y procesos: Muchas empresas enfrentan dificultades no por falta de ingresos, sino por estructuras ineficientes que generan sobrecostos y pérdida de rentabilidad.
  4. Mejorar la toma de decisiones: Contar con indicadores de gestión permite reaccionar tempranamente y corregir desviaciones antes de que impacten la continuidad operacional.

Durante una crisis financiera: ¿qué debería hacer el empleador?

Cuando la empresa ya enfrenta dificultades importantes, la velocidad de reacción puede marcar la diferencia.

  1. Mantener una comunicación transparente: Trabajadores, proveedores y clientes valoran la información clara y oportuna. El silencio suele aumentar la incertidumbre y acelerar la pérdida de confianza.
  2. Buscar apoyo especializado: Las decisiones tomadas en una etapa crítica pueden tener efectos financieros, tributarios y laborales de largo plazo. Por ello, es recomendable contar con asesoría profesional para evaluar escenarios y alternativas.
  3. Revisar la estructura financiera: Renegociar compromisos, revisar costos y evaluar mecanismos de reorganización puede ayudar a recuperar viabilidad antes de llegar a una liquidación.
  4. Proteger el cumplimiento laboral: Las obligaciones laborales deben mantenerse bajo estricto control, ya que representan uno de los aspectos más sensibles durante cualquier proceso de crisis empresarial.

¿Qué dice la normativa en estos casos?

Cuando la situación financiera se vuelve insostenible, la legislación chilena contempla procedimientos concursales destinados a ordenar las deudas de la empresa y, en ciertos casos, permitir su continuidad. 

Una de las principales dudas de muchas personas es si la falta de liquidez implica necesariamente el cierre del negocio. La respuesta es no. La Ley N°20.720 contempla mecanismos de reorganización que permiten renegociar obligaciones con acreedores, buscar acuerdos de pago y generar condiciones para que la empresa continúe operando mientras enfrenta sus dificultades financieras. 

Sin embargo, cuando la continuidad del negocio deja de ser viable o no es posible alcanzar acuerdos que permitan su recuperación, puede iniciarse un procedimiento de liquidación, cuyo objetivo es realizar los activos de la empresa para pagar sus deudas conforme al orden establecido por la ley.

En este contexto, los trabajadores cuentan con una protección especial respecto de sus créditos laborales, los cuales gozan de preferencia de pago frente a gran parte de las demás obligaciones de la empresa. No obstante, existe un aspecto que muchas personas desconocen: dicha preferencia no garantiza necesariamente la recuperación total de las prestaciones adeudadas si los activos disponibles son insuficientes. 

Por ello, mientras antes se identifiquen los problemas financieros y se evalúen las alternativas legales disponibles, mayores serán las posibilidades de proteger la continuidad de la empresa, resguardar los puestos de trabajo y reducir los impactos para trabajadores, proveedores y clientes.

La prevención sigue siendo la mejor inversión

Casos como este, recuerdan que ninguna organización está completamente exenta de enfrentar desafíos financieros y demuestran la importancia de contar con información confiable, controles adecuados y asesoría especializada que permita anticipar riesgos.

La continuidad de una empresa no depende únicamente de sus ventas. También depende de su capacidad para gestionar oportunamente sus obligaciones, monitorear su situación financiera y tomar decisiones estratégicas basadas en información precisa.

En ese contexto, la asesoría preventiva deja de ser un gasto para transformarse en una herramienta fundamental para proteger el futuro de la organización, sus trabajadores y sus clientes.